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El complejo residencial Vistahermosa proyectado por Juan Antonio García Solera en 1962 está situado en el área de Vistahermosa, el cual limita al norte y al este con la periferia de la ciudad de Alicante, al sur con la Serra Grossa y al Oeste con el Barrio del Garbinet. Los factores que contribuyeron en mayor medida a su formación y desarrollo fueron la carretera de Valencia y la línea de tranvía que unía Alicante con los pueblos de San Juan y Mutxamel.

La transformación de este entorno se inicia a finales del siglo XIX con la aparición de esporádicas viviendas en un paisaje de vegetación autóctona y, sobre todo, en el siglo XX con el desarrollo de dos barrios de viviendas unifamiliares, el Barrio Obrero Católico y la calle Camarada Llopis, que más próximos a la ciudad, se construyeron al amparo de la legislación de Casas Baratas.

Actualmente, la zona de Vistahermosa se ha ido colmatando por chalets, en su mayoría de segunda residencia, que ocupan parcelas de diversos tamaños y que, no previstos por el planeamiento, carecen de las condiciones de urbanización necesarias. También han proliferado en este espacio los colegios, de iniciativas pública y privada, que ocasionan importantes fluctuaciones de tráfico.

El complejo Vistahermosa se sitúa en la salida norte de la ciudad, dentro una parcela con forma prácticamente triangular que se adosa por uno de sus lados a la carretera nacional 330 en la dirección Murcia-Valencia, (a la altura del km. 88), y es bordeado al sur por el Camino Viejo de la Cruz de Piedra.

El proyecto de este conjunto residencial promovido por la Caja de Ahorros del Sudeste de España, actual Caja del Mediterráneo, y acogido a la Ley de protección para viviendas de renta limitada en su primer grupo, fue realizado por Juan Antonio García Solera en 1962, y se concluyeron las obras cuatro años más tarde, en 1966.

La edificación se levanta sobre un fondo vegetal ajardinado de diversas formas y tamaños. Las torres y los bloques se distribuyen en la parcela escalonadamente, con las primeras de mayor altura orientadas hacia el norte, procurando el máximo asoleamiento del conjunto, a la vez que, se consigue una contrastada composición de volúmenes y un perfil urbano de compensado dinamismo.

Por otro lado, los ligeros desniveles que la topografía del terreno aporta, son asimilados mediante un sugerente juego de escaleras, pasos peatonales y marquesinas que se cruzan a distinta cota. Entre los jardines, y conectados por las pérgolas, se crean espacios urbanos íntimos de indudable interés.

El programa de este conjunto residencial pretendía albergar una población de tipo social medio, 1899 habitantes en total y una densidad de 430 h. por hectárea. Contaba, además, con los servicios sociales necesarios para dotar el conjunto, constituido en barrio satélite de la ciudad de Alicante, de la autonomía necesaria.

En cuanto a la tipología de la edificación, se imponía la diversidad: las 400 viviendas de que consta como el proyecto tenía previsto, se distribuyen en cinco torres de 16 plantas, con tres viviendas por planta, cuatro bloques de 10 plantas y diez de 5 plantas.

Además, el equipamiento de edificios complementarios, consiste en: un edificio parroquial, un equipo escolar, comercios formados por 12 tiendas y un supermercado, centro social que consta de cafetería y club para la juventud y un equipo deportivo, formado por un club y las instalaciones deportivas, (bolera, dos pistas de tenis, un campo de baloncesto, una piscina para adultos y una piscina infantil).

El espacio social más relevante lo constituye el centro comercial con la iglesia y el equipo deportivo que, situados en el núcleo central, se relacionan entre sí mediante pérgolas y pasos.

El centro comercial prolongado con sus terrazas gira entorno a un parque infantil, de cota más baja. Y la Iglesia que integra una casa parroquial se vincula a una explanada que a modo de plaza tradicional, se conecta lateralmente con el espacio anterior.

Las circulaciones rodada y peatonal están resueltas separadamente, sin apenas interferencias. La primera recorre el perímetro del complejo, con ramificaciones en el interior en forma de “fondo de saco” para solucionar el aparcamiento y acceder mejor a las edificaciones. La circulación peatonal forma una red de caminos y sendas en el interior, que en ocasiones cubiertas por pérgolas, conectan adecuadamente los espacios colectivos y las construcciones.

La estructura es de hormigón armado sobre pilotis en las torres y en los bloques lineales se adopta una solución mixta de muro portante y hormigón. Los cerramientos son de ladrillo visto, de “color claro y turbio”, procedente de una cerámica valenciana. Los chapados de mármol de Borriol, “apomazado de color marrón”, acentúan las impostas. La madera es de color blanco en la carpintería interior y las persianas mallorquinas, fijas o no, permiten tamizar y controlar la brillante luz alicantina. En el exterior, los pasos se resuelven con pastilla hidráulica tipo Benidorm blanca, y las escaleras con piedra natural caliza de Campello. Los porches están estucados por la parte inferior y acabados de gravín sobre el impermeabilizado de la parte superior.

Las edificaciones singulares adoptan volumetrías diferentes: La iglesia es de planta rectangular y está delimitada por muros laterales de ladrillo que no llegan a tocar la cubierta inclinada. Este aspecto junto con la iluminación que le proporciona una vidriera en el presbiterio, contribuyen a lograr una gran liviandad. En la escuela las cubiertas son inclinadas de suave pendiente con lucernarios orientados a norte. Hacia el patio interior las fachadas son caladas y al exterior, más opacas, con paños ciegos en ladrillo visto y otros de ladrillo encalado.

La concepción y realización unitaria de este paradigmático complejo de los años 60 alcanza gran coherencia, resolviendo desde los planteamientos urbanísticos hasta los detalles decorativos en los edificios de uso común.

Y mientras que en algunos aspectos se hace eco de los postulados que la modernidad asume; edificación abierta, criterios funcionales para la implantación de las construcciones, planta libre de los edificios en altura sobre pilotis, separación de circulaciones, etc., en otros evidencia su puesta en crisis. Y así llama la atención la adopción de formas vernaculares, la libertad compositiva de volúmenes con edificios de diferentes alturas, la adopción de sistemas estructurales mixtos, etc.

Otro aspecto destacable es el tratamiento de los espacios colectivos y elementos de relación, espacios abiertos pero cubiertos, “espacios de transición” que parecen prolongar el interior. En los muros de ladrillo de los edificios singulares, que delimitan el espacio sin cerrarlo, se atisba una componente neoplástica que remite sin duda, a una indudable influencia miesiana.

Texto reproducido bajo licencia Creative Commons sobre un trabajo de Alberto Mengual Muñoz.

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Sin-título-6Emplazado en una parcela situada en el barrio de San Blas de Alicante, “considerada como ensanche lógico e inmediato del centro urbano”, en palabras del arquitecto, se yerguen con la potencia de un polo de atracción masivo y denso, el alzado y las perspectivas de esta unidad habitacional que sobrevuela el imaginario de todo el barrio.

La distribución de las viviendas en tres alas independientes se resuelve en este caso de manera muy distinta a muchos de los demás edificios singulares de Alicante, disponiéndose a ambos lados y a lo largo de un pasillo central de dos metros de ancho que recorre cada ala en cada una de las plantas, y solucionando las ventilaciones mediante patios adosados en fachada, con un ritmo modular apenas quebrado en la intersección de las tres alas.

Las viviendas se construyen modestamente pero se distribuyen con generosidad, disponiendo todas ellas de cuatro dormitorios y dos aseos. Las jardineras descritas en proyecto, lamentable y finalmente no son ejecutadas en obra y son las marcadas celosías verticales las rompen la continuidad de los voladizos.

La “metáfora de la colmena” que describiera Juan Antonio Ramírez tiene aquí su reflejo más radical y tangible en la ciudad de Alicante, y la colmena mecánica y social en forma de cooperativa se mantiene como testigo de un contexto que fue el principio de un despegue que ya no existe.

Jaume Joan Chicoy Mira

 

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Sin-título-1Otro edificio singular proyectado por Miguel López, es el edificio de viviendas para la Cooperativa de Viajantes y Representantes “Nuestra Señora de la Esperanza” (1963) que, con un total de 26 plantas se sitúa en el interior de la ciudad, muy cerca del paseo de Campoamor. Nuevamente, el solar no justifica la singularidad de la edificación, independientemente de que se trate de un solar con fachada en todo su perímetro, o que el alzado sur recaiga a una pequeña plaza. Miguel López vuelve a realizar un edificio en altura a partir de un pragmatismo eficiente, no exento de importantes contradicciones.

El rascacielos se plantea como una edificación abierta pero que, realmente, nace de la adaptación al solar de un bloque lineal en forma de L, que crece todo lo alto que quiere el arquitecto. Así, mientras a la fachada sur el edificio de presenta como un rascacielos unitario, casi un prisma limpio, la perspectiva posterior, que es la que se dibuja, revela la existencia de una volumetría fragmentada. La expresividad del dibujo surge a partir del contraste entre las tensiones verticales, generadas por los grandes paños de celosía, y las tensiones horizontales que generan las terrazas voladas que dirigen sus miradas, de forma inequívoca, hacia el poniente.

La perspectiva del proyecto define con claridad el impacto de la nueva edificación sobre el entorno en que se asienta. El cambio de escala es brutal, aunque aparece aminorado por la pretendida separación de los edificios de alrededor respecto al nuevo rascacielos que, desde luego, queda excesivamente dimensionada respecto a la separación existente en la realidad. En el dibujo, el moderno rascacielos parece redimir al barrio de su arquitectura pobre, propia del entorno periférico de una ciudad española de comienzos de los años 60. Las pequeñas edificaciones, parecen dejar paso, a esa nueva arquitectura que expresa el desarrollo –ese desarrollo portentoso que diría López-, que está experimentando la ciudad. El dibujo tiene ese claro gesto propagandístico, pero está también expresado gráficamente, que parece nacer de un convencimiento real del arquitecto de que esa es la forma correcta de intervenir que necesita la ciudad, evidenciando una fe ciega en la tecnología.

© Andrés Martínez Medina y Justo Oliva
Meyer. Dibujos y Arquitectura de Miguél
López González. Ed. CTAA. Alicante, 2008.

 

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Maqueta del Hotel Gran Sol

Maqueta del Hotel Gran Sol

Dentro del contexto turístico en general, y de la tipología hotelera en particular, un caso muy peculiar lo constituye el edifico Alonso, más conocido como hotel Gran Sol, cuya presencia en la segunda línea de fachada marítima de la ciudad con una altura de 30 plantas le convierte en protagonista ineludible de la escena urbana.

En el archivo del arquitecto, aparece un recorte de una revista con una foto de la fachada marítima de Montecarlo. En ella se observa, con claridad, la situación de un edificio que, como en el hotel Gran Sol, emerge por encima de la cornisa de las edificaciones que dan al paseo marítimo. Por lo tanto, pese a las inequívocas dudas sobre el carácter singular del solar del Gran Sol, es evidente que el arquitecto no actúa a ciegas, sino que, pese al impacto que iba a suponer y pese a su ineludible carácter especulativo, en todo momento, intenta controlar la escala de la intervención. […]

El hecho de que Alicante pudiera tener uno o varios rascacielos, cuando ninguna ciudad los tenía, siguiendo el modelo de las grandes urbes norteamericanas, podría constituirse en el gran símbolo de una metrópolis cosmopolita, abierta y moderna que, además, buscaba un definitivo despegue económico.

[…] El arquitecto enfrenta su edificio contra la silueta del monte Benacantil coronado por el castillo de Santa Bárbara. El diálogo entre la silueta rocosa de tono ocre claro, coronada por un castillo perfectamente integrado cromática y volumétricamente, y el gran prisma vertical del Gran Sol se produce de forma inmediata. Estamos ante un diálogo difícil, a veces tenso, a veces más cordial, otras veces imposible. De todos los edificios singulares de la ciudad, el Gran Sol, debido a su cercanía y a su gran esbeltez, es el único que parece querer entablar esa compleja relación entre la obra del hombre y la gran obra de la naturaleza.

© Andrés Martínez Medina y Justo Oliva
Meyer. Dibujos y Arquitectura de Miguél
López González. Ed. CTAA. Alicante, 2008.

GRANSOL CONSTRUCCIÓN

Gran Sol durante su construcción

 

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Sin-título-5La torre Vistamar, proyectada en 1963 por Juan Guardiola Gaya, se localiza en la Serra Grossa de Alicante; en un terreno de fuerte pendiente, y primera línea de playa.
La torre Vistamar, se levanta imponente desde la cota del mar con 39 plantas en total, aunque éstas se reducen a 30 desde la carretera de acceso. La diferencia de plantas es la que absorbe el desnivel de la Sierra a su encuentro con la costa, planteando una sección escalonada muy característica.
El edificio consta de tres cuerpos distintos: La torre, de pronunciada verticalidad, una planta de acceso diáfana a nivel de calle y originalmente de carácter público, de transición entre el acceso y el mar sobre el que hace recaer sus vistas, un tercer cuerpo de seis plantas sobre el que a modo de base se apoya todo el conjunto y que emerge de la cota 0.
La torre se resuelve con un corredor lateral que da acceso a 5 apartamentos por planta. La caja de ascensores y escalera se inserta en el centro, reduciendo el espacio de una de las viviendas. Los apartamentos vuelcan sus estancias principales a una terraza continua que se orienta con vistas al mar.
En el cuerpo de seis plantas hay siete apartamentos por planta servidos por un corredor. Dos núcleos verticales se sitúan en los extremos del corredor. Como ocurría en la torre, todas las viviendas se prolongan con una terraza corrida, hacia el exterior marítimo.
El conjunto se resuelve con un sistema estructural metálico de jácenas transversales al eje principal.
En la fachada, los extremos de la torre son de ladrillo, mientras que el lateral orientado hacia el mar está homogéneamente aterrazado y el lateral opuesto se cierra con una celosía continua (22 metros de ancho por 85 de alto), diseñada originalmente por Guardiola Gaya, en colaboración original del escultor Miguel Losán.

Texto reproducido bajo licencia Creative Commons sobre un trabajo de Alberto Mengual Muñoz.

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