Sin-título-1Otro edificio singular proyectado por Miguel López, es el edificio de viviendas para la Cooperativa de Viajantes y Representantes “Nuestra Señora de la Esperanza” (1963) que, con un total de 26 plantas se sitúa en el interior de la ciudad, muy cerca del paseo de Campoamor. Nuevamente, el solar no justifica la singularidad de la edificación, independientemente de que se trate de un solar con fachada en todo su perímetro, o que el alzado sur recaiga a una pequeña plaza. Miguel López vuelve a realizar un edificio en altura a partir de un pragmatismo eficiente, no exento de importantes contradicciones.

El rascacielos se plantea como una edificación abierta pero que, realmente, nace de la adaptación al solar de un bloque lineal en forma de L, que crece todo lo alto que quiere el arquitecto. Así, mientras a la fachada sur el edificio de presenta como un rascacielos unitario, casi un prisma limpio, la perspectiva posterior, que es la que se dibuja, revela la existencia de una volumetría fragmentada. La expresividad del dibujo surge a partir del contraste entre las tensiones verticales, generadas por los grandes paños de celosía, y las tensiones horizontales que generan las terrazas voladas que dirigen sus miradas, de forma inequívoca, hacia el poniente.

La perspectiva del proyecto define con claridad el impacto de la nueva edificación sobre el entorno en que se asienta. El cambio de escala es brutal, aunque aparece aminorado por la pretendida separación de los edificios de alrededor respecto al nuevo rascacielos que, desde luego, queda excesivamente dimensionada respecto a la separación existente en la realidad. En el dibujo, el moderno rascacielos parece redimir al barrio de su arquitectura pobre, propia del entorno periférico de una ciudad española de comienzos de los años 60. Las pequeñas edificaciones, parecen dejar paso, a esa nueva arquitectura que expresa el desarrollo –ese desarrollo portentoso que diría López-, que está experimentando la ciudad. El dibujo tiene ese claro gesto propagandístico, pero está también expresado gráficamente, que parece nacer de un convencimiento real del arquitecto de que esa es la forma correcta de intervenir que necesita la ciudad, evidenciando una fe ciega en la tecnología.

© Andrés Martínez Medina y Justo Oliva
Meyer. Dibujos y Arquitectura de Miguél
López González. Ed. CTAA. Alicante, 2008.

 

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